martes, 26 de enero de 2010

Mi Vecino Juan y yo

Dicho esto y, para evitar ciertas suspicacias que se atrevan a atribuir a mi oculta bisexualidad los motivos de mi separación, debo añadir que nada hay más lejos de la realidad. Ni mi ex_mujer, ni mis hijos conocen mi auténtica orientación sexual, pues nunca he dado motivo alguno para sospechar, siquiera remotamente, este hecho de mi vida íntima y personal.

Pero, una vez aclarados estos conceptos preliminares, voy a intentar relatar un hecho que ha venido manteniendo mi interés desde el mismo momento en que fui "desterrado" de mi "hogar", para venir a vivir al "exilio", en este modesto pisito que, casualmente pude encontrar gracias a unos amigos y donde hoy me encuentro muy cómodo y muy a gusto. También debo añadir que, en cierto modo, esto es mérito de mis vecinos de enfrente; Juan y Laura, que se desviven por mi y me colman de atenciones. A veces pienso que soy un canalla por seguir viviendo aquí, tan cerca de unas personas que se están portando conmigo tan maravillosamente, y a quienes, muy a pesar mío y, sin que ellos lo sepan, estoy haciendo daño sin pretenderlo y sin saber cómo evitarlo.

Resulta que, cuando me separé de mi esposa, encontré este pisito y, desde el principio, se estableció una corriente de simpatía entre mis vecinos y un servidor. Laura y Juan son un matrimonio de mediana edad, algo más jóvenes que yo, con los que poco a poco, he ido adquiriendo una confianza y una amistad bastante fuerte. Son de esas personas amables, discretas, entrañables y afectuosas, con los que es muy fácil abrir el corazón.

Así sucedió desde el principio y, aunque solo nos visitamos en contadísimas ocasiones, ambos, (ellos y yo), nos hacemos partícipes de las cosas más cotidianas. Igualmente, Laura suele obsequiarme con frutas y verduras cuando alguien les regala algunos de estos productos. Yo suelo hacer lo mismo y no es raro que yo les ofrezca ocasionalmente parte de lo que también a mi me suelen obsequiar.

Mi relación con Juan y Laura se ha convertido algo más que la de unos simples vecinos. Ahora son mis amigos y, poco a poco, esos lazos de amistad se han ido estrechando y hemos ido conociéndonos un poco mejor.

No negaré que Juan tiene un atractivo especial para mí. Es un hombre muy normal, más bien bajito y con algunos kilos de más; con una barba poblada y canosa, similar a la mía, y con un sex-appeal muy extraño. Digo esto porque no es un hombre guapo, aunque tampoco es feo, pero, pensándolo bien, no tiene nada de extraordinario. Sin embargo, su presencia, su conversación, su inteligencia, hacen que disfrute estando con él. Es una persona culta y sencilla, con la que se puede hablar de todo. Y creo que, ese conjunto de cosas, es lo que me atrae y lo que me anima a buscar su compañía.

Algo en este amigo me decía -desde el principio- que a él le sucedía lo mismo conmigo, pues era (es) raro el día que no llama a mi puerta para comentarme cualquier hecho puntual, pedirme algún programa informático y cosas por el estilo. Y, después de todos los años que llevo viviendo en esta casa, algo me decía que Juan quería conmigo "algo" más que una relación puramente vecinal.

Aunque en muchas ocasiones me habían parecido bastante claras determinadas actitudes de Juan, (muy sutiles por cierto), la verdad es que, por el temor a dejas al descubierto sentimientos más ocultos, y exponerme a terminar con una amistad tan maravillosa, hasta hace sólo unas semanas no me había atrevido a mostrar mis cartas más secretas.

Durante los veranos, su esposa se marcha al campo con los hijos y a veces, mi vecino llama a mi puerta, entra y nos tomamos un café o una cerveza, (dependiendo de la hora), y hablamos durante un buen rato. Pero, la mayoría de las veces él solo lleva puesto un bañador o un boxer, que le marcan un "paquete" muy apetecible. Cuando yo sospecho el día que va a llamar, procuro -igualmente- recibirlo ligerito de ropa. Al principio me daba mucha vergüenza recibirlo así, pero viendo que a él no le importa, pues se presenta de esta "guisa", he optado por hacer lo mismo, lo cual -evidentemente- ha dado sus buenos resultados.

Una de esas tardes, Juan llamó a mi puerta y me dijo:

-"¿No tendrás tu una de esas "pelis" porno, por casualidad?. "Es que, (añadió), yo, por lo chicos, no puedo tener nada de esto…"

Lógicamente contesté que si, e incluso iba a proponerle a él, ver alguna juntos. Parecía la ocasión que yo había estado esperando para mostrarle mi "juego", pero lo que dijo a continuación me dejó bastante cortado:

-"No es para mi, sino para un amigo mío…"

Ahí me desplomé mentalmente. Juan me daba una de "cal" y otra de "arena" y yo no sabía con que carta quedarme… A veces, mientras saboreábamos unas cervezas sentados en la salita, yo pasaba inocentemente mi mano por encima de boxer, a la altura de mis huevos, como insinuándome tímidamente. Pero él parecía no darse cuenta, o no quería hacerlo.

En otra ocasión, estando yo sentado frente a mi PC, llamaron a la puerta y era él. Le dije que entrara y lo pasé a mi despacho. Como de costumbre, Juan sólo llevaba puesto su boxer y estaba descalzo, lo cual aumentaba más el morbo para mi. Era tan sencillo acercarme a él y tocarle aquel bulto tan prominente que sobresalía bajo su abdomen…

Pero de nuevo me contuve. Algo me decía que Juan me rechazaría. Quizá, no tanto por que yo no le agradase, sino por el miedo a descubrir también sus más bajos y ocultos sentimientos. Yo le mentí, haciéndole creer que –por error-, (como ocurre muchas veces), acababa de descargarse una película porno, cuando yo trataba de obtener una película de estreno. Pero el pretexto era mostrarle unas tórridas escenas de sexo, tratando así de "romper el hielo" y, de esta forma, poner nuestras "cartas" boca arriba.

Estando como estaba sólo con el boxer, (al igual que yo), era fácil advertir que su polla iba creciendo de tamaño, por más que él tratase de disimularlo. A mi me ocurría exactamente igual, pero yo permanecía sentado y mi abultado paquete podía pasar algo mas desapercibido. Sin embargo Juan se volvía disimuladamente, intentando hacerme creer que algo en la habitación le había llamado la atención, y todo por no mostrar sus "encantos" bajo el boxer, que había aumentado considerablemente de tamaño.

Estos constantes cambios en su actitud; estos "si, pero no", me desconcertaban totalmente. Yo no sabía con qué carta quedarme. Daba la impresión de que me buscaba, de que quería algo conmigo, pero luego todo se desmoronaba y ninguno de los dos daba el "gran salto".

Así sucedió en muchísimas ocasiones en las que yo me quedaba súper caliente, con un extraordinario dolor de huevos y tenía que acabar haciéndome una paja bestial e imaginando cómo lo hubiésemos pasado los dos juntos en mi cama…

Uno de esos días, Juan, como de costumbre-, llamó a mi puerta. En esta ocasión quedé agradablemente sorprendido pues venía sólo con un ligerísimo slip, que yo nunca le había visto antes y descalzo, como casi siempre. Hacía un calor horroroso y le invité a pasar, pues yo tenía puesto el aire acondicionado y no quería que entrase aire caliente desde la escalera.

Yo acababa de ducharme y llevaba puesta una toalla, no muy grande. Debo añadir que me había secado con una mucho más grande, pero al imaginar que sería él, cambié de toalla y me coloqué otra mucho más pequeña. Fue una acertada decisión, pues al ver que él sólo venía con un tanga, (aquello era mucho menos que un simple slip), ninguno de los dos desentonaba. Parecía que algo distinto se cernía sobre nosotros… Daba la impresión de que ambos sabíamos a donde iríamos a parar. Al menos yo lo sabía y lo deseaba; Lo deseaba con toda mi alma. Aquel hombre, que no era ni guapo ni feo; ni alto ni bajo, aquel hombre me estaba sacando de mis casillas. Juan tenía, (tiene, repito) un "algo" muy especial que a nadie puede dejar indiferente. Y yo deseaba con todas mis fuerzas poder abrazarlo, poder besarlo, poder revolcarme con él en mi cama… Sentir su cuerpo desnudo junto al mío… Sentir su polla en mis manos y en mi boca… Saborear todo aquello que tanto había deseado durante varios años… Y parecía que había llegado el momento.

Ambos estábamos muy nerviosos. Y ambos advertíamos ese nerviosismo en el otro. Juan entró y nos sentamos en el sofá del comedor. En mi salón hay un conjunto de sofás 3 + 2 plazas y, en otras ocasiones nos habíamos sentado separados, cada uno en un sofá. Pero, en esta ocasión, le puse mucho valor y, tal como íbamos, yo sin más ropa que mi estrecha toalla y Juan con su minúsculo tanga-slip, quedamos sentados el uno junto al otro.

Le ofrecí una cerveza que él aceptó gustoso, y cuando fui a buscarlas al frigorífico, me ocupé -al regresar-, de dejar que la abertura de mi toalla, quedase disimuladamente a la altura de mi verga, que se podía ver fácilmente ante cualquier movimiento mío y que sólo de imaginar la que se nos avecinaba, había comenzado a crecer.

Tomé asiento junto a él, destapé las cervezas y le propuse ver una película porno que yo acababa de empezar cuando él llamó. Lo que sigue a continuación es fácilmente imaginable. Nos acomodamos, pulsé el play de mi reproductor y, nada más empezar, apareció un negro grandote y musculoso, a quién una rubia explosiva con pinta de colegiala, estaba haciendo una monumental felación con su enorme polla de color chocolate.

-"Estas películas te ponen a cien…", dijo Juan.

-"¿Qué si te ponen?; ¡No veas cómo estoy yo!", repliqué mientras señalaba hacia el bulto que marcaba mi toalla.

-"Si no fuera porque me da mucha vergüenza hacerlo delante de ti, me masturbaría aquí mismo", respondió Juan.

-"Pues…, por mi no te prives, Juan, porque yo estoy igual que tu", le dije, mientras me sobaba la polla por encima de la toalla, haciendo resaltar mi abultadísimo paquete.

Por encima del slip de Juan se marcaban claramente las dimensiones de su pene, quedando perfectamente delimitado, bajo el tanga, el contorno exacto de su capullo, que -aparentemente- comenzaba a babear mientras él se masajeaba todo el conjunto, desde los huevos hasta la cabeza.

-"No te prives, Juan; no te prives; vamos a hacernos unas buenas "manuelas", le dije, mientras dejaba asomar tímidamente mi capullo por entre los pliegues de la diminuta toalla…

Juan no dejaba de mirar hacia mi entrepierna, estando más atento a mi anatomía que a la polla del negro de la película. Hubo un momento de máxima excitación en el que mi polla saltó disparada fuera de la minúscula toalla, quedando totalmente al "aire libre" y mostrándose en todo su esplendor.

-"¡Vaya rabo que tienes, tío", (dijo, mientras seguía manoseándose por encima del slip).

-"Pues el tuyo tampoco está mal", contesté, "A pesar de que tu no lo quieres mostrar…" (Añadí sonriendo, mientras comenzaba a brotar de mi glande esa deliciosa baba pre-seminal que asomaba por el hoyito de mi capullo).

Entonces, mi amigo, apartó su slip, dejando ver aquel capullo precioso y sonrosado. No era una polla excesivamente larga, pero era muy gruesa y tenía una cabeza como nunca había visto otra igual. Realmente era descomunal, tal y cómo yo la había imaginado. No muy larga, pero extremadamente gruesa. Pensaba que aquel capullo no iba a caber en mi boca…

Ambos seguíamos muy nerviosos, casi sin saber que hacer o qué decir. Finalmente fui yo quién tomo la iniciativa, me despojé de la toalla dejando mi cuerpo completamente desnudo y comencé a masturbarme lujuriosamente de la forma más tradicional. Mientras lo hacía, animaba a Juan a que me secundase. Entonces él se quitó de su slip, que era como no llevar nada, y rápidamente me imitó. Me miraba y sonreía, mientras le daba cada vez más fuerte a su polla rica y erecta. Insisto, en que era un pene descomunal, por lo grueso. Yo nunca había visto una polla tan gorda, aunque estaba bastante proporcionada, pero el grosor de aquel miembro, sobrepasaba lo que yo jamás hubiese imaginado. El me confesó que durante toda la vida había tenido serios problemas para encontrar preservativos apropiados a tu tamaño, porque todos le apretaban excesivamente y esto le impedía conseguir fácilmente la erección. Aunque, me dijo que desde hacía algún tiempo, los podía encontrar de mayor tamaño y era los que, desde entonces, utilizaba habitualmente.

Nos mantuvimos así durante un buen rato, mientras que ocasionalmente mirábamos la película que continuaba ajena en el televisor. Pero aquello apenas captaba nuestra atención. Ambos gozábamos más de nuestra mutua contemplación. Juan parecía que disfrutaba descubriendo cada parte de mi anatomía; como si fuese algo que siempre hubiese deseado, al menos eso es lo que él me transmitía. Yo por mi parte, deseaba ardientemente estar con él en la cama, pero no me atrevía a proponer esto, por miedo a romper aquel "hechizo" y que mi amigo se fuese de mi casa. Esperé a que fuese él quien hiciese tal proposición, pero eso nunca sucedió. No sucedió, al menos en aquel momento, porque algunos días después…

Pero, continuando con ese momento mágico que estábamos viviendo, llegó un instante en el que Juan no se aguantaba mas. Me había mostrado muchas maneras de masturbarse. Algunas formas que yo desconocía, y él, como un buen profesor, me indicaba cada posición, cada situación; unas veces pasando la mano por debajo de su pierna y agarrándose la polla y los huevos… Otras, sujetándose todo el miembro con una mano y escupiendo en la palma de la otra mano, que pasaba por encima de su capullo masajeándolo sin parar… Aquella, me dijo, era la manera con la que él encontraba mucho más placer. Así que fui al baño a buscar un aceite lubricante, que también le ofrecí a él, y juntos iniciamos aquel delicioso ejercicio masturbatorio, nuevo para mi, que nos introdujo en un mar de auténticos placeres totalmente desconocido.

El me hacía las indicaciones y yo le secundaba. Consistía en retrasar el orgasmo el mayor tiempo posible, para llegar al climax mas profundo y placentero que jamás hubiera imaginado… Y, cada vez que nos íbamos a venir, Juan me decía que parase… continuando cuando se pasaba la sensación de eyacular y siguiendo a continuación con el mismo ritmo, presionando sobre el glande con la palma de la mano abrazando con ésta todo el contorno del capullo. Entre la lubricación de la mano y la baba pre-seminal que asomaba por el agujerito del capullo, se formaba una perfecta combinación de placeres.

Por mi columna vertebral desfilaban todo tipo de sensaciones nuevas. Al principio un leve cosquilleo que se hace cada vez mas intenso. Luego, poco a poco una sensación inmensa de placer; un placer que yo nunca había experimentado.

Pero es que, además, la simple contemplación del rostro de mi amigo, cada vez que se iba a venir, me excitaba todavía más. Yo deseaba con todas mis fuerzas agarrar aquel nabo grueso y duro, pero no me atrevía por miedo a ser rechazado. Algunos días después descubrí que Juan lo estaba deseando, pero por un exceso de discreción, ninguno de los dos dijo nada. Y cada uno se lo hacía para si mismo.

Cuando por fin vi, por el gesto extremadamente lujurioso de mi amigo, que él se iba a venir, casi sin poder hablar le dije: "¿Ya?". Juan no podía contestarme pero afirmó con la cabeza. Entonces presioné mas insistentemente mi mano cerrada sobre mi capullo, sin parar, mientras un espasmo lento y delicioso se apoderaba de cada centímetro de mi piel.

Juan seguía y seguía, y finalmente no pudo más, mientras que de su polla surcaban chorros de blanca leche, que salían disparados a más de un metro de distancia, llenándolo todo de un blanco inmaculado. Yo hice lo propio, botando igualmente un chorro blanco, como jamás había logrado tener, en una eyaculación sin precedentes. Con una fuerza totalmente desconocida para mi, que me hizo eyacular a casi un metro de mi. ¿Era aquello normal? Juan me dijo que si, y que siempre que lo hacía de este modo, su eyaculación era cada vez mas fuerte y la sensación de placer mucho más profunda.

Ambos pasamos a limpiarnos a mi baño, sin decir nada. Parecíamos avergonzados, como arrepentidos de lo que habíamos hecho. Juan se "vistió" nuevamente con tu tanguita y yo me enfundé de nuevo mi toalla. El se despidió, no sin antes decirme que lo lamentaba y que aquello no debería haber ocurrido. Yo asentía, pero sólo de dientes para afuera, porque en lo más íntimo de mi, estaba deseando que ocurriese un nuevo encuentro.

Pero lo que sucedió a los pocos días, que fue much

viernes, 22 de enero de 2010

KE TAL BARRIO.


uien no se ha metido una paja en grupo???? Antes vivía en el barrio de lince, en un edificio ubicado en una zona muy transitada, donde había mucho trafico, nuestras únicas salidas “seguras” eran con la niñera al parque. Los guardianes del edificio tenían un hijo adolescente de 16 años, yo con 11 años y muy curioso quise saber siempre del por que de las cosas y para todo hacia preguntas, este chico que le llamaremos cesar eran muy despierto y muy arrecho, todo el tiempo me hablaba con frases en doble sentido, su juego consistía en bajarse el lompa y enseñarme su miembro con pelos y todo, si bien me motivaba no me insinuaba nada en ese momento para llegar a algo mas, Cesar tenia su grupo de amigos Ernesto de 15 años, Fernando de igual edad y Gabriel de 14 con quienes se reunían todos los viernes en la tarde noche en el parque castilla de lince para pajearse, esto ocurría como a las 6 de la tarde, de regreso del colegio, en una canchita de fulbito abandonada, hacíamos un semi circulo al medio cesar años, a sus lados los chicos de quince mientras que yo quedaba al final. Todos con la bragueta abierta, las pollas grandes con sus cabezas asomadas al exterior miraban con su único ojo y curiosidad el mundo circundante jajjaj .Cesar se pajeaba de lo lindo junto a los mayores luciendo con orgullo los pendejos negros que oscurecían la base de sus vergas grandes, yo tomaba mi verga diminuta con dos dedos escuchando a los grandes decir “Me estoy cachando a la Irmita” otro mas adelantado decía “Ya voy a acabar dentro de la chata Juana”, cada uno expresaba lo que sentía. El juego me gustaba mucho no porque pensara en las chicas de otros colegios sino que me gustaba ver la expresión de sus caras cuando les venia el orgasmo y los chorros de semen que brotaba de sus miembros erectos adivinando que estaban muy duros y húmedos. A mi solo me salían unas gotitas de agüita transparente si trataba de sacarla de mi verguita pequeña aun en esos tiempos. Terminada la sesión de paja todos nos íbamos al jato. Un día cualquiera después de la “sesión” camine casi una cuadra cuando me di cuenta que se me había caído mi caja de lápices de colores, me regresé corriendo y felizmente la encontré pero no solo eso. Sobre una caja de cartón descubrí el semen de Cesar, varios chorros cubrían la tapa, había luz suficiente como para que al levantarla pudiera observar que el semen era blanco con partes cristalinas mas acuosas. Sentí irresistibles deseos de tocarlo, como era verano aun estaba caliente, ahora los deseos fueron de olerlo, mire a todos lados, estaba solo. El olor me produjo un como decirlo estremecimiento de placer que no había sentido jamás en mi vida, nada comparable con ello, era un olor que me pareció a yerbas pero desconocidas para mi, el siguiente paso fue probarlo, con la puntita de mi lengua lo probé, era dulzón y rico, golosamente pase toda la lengua y lo saboree a mi antojo, ¡Pero que rico era!, no como golosina sino que como si una parte de Cesar entrara en mi cuerpo, olor y sabor jamás he podido olvidar esa primera experiencia que cambio mi vida para siempre. Varias veces a la semana repetíamos la sesión y yo regresaba a comerme el semen de Cesar o de cualquier otro si este faltaba a la cita. Siempre iba primero a preparar el terreno para que la leche que salían de sus vergas quedara sobre algo y pudiera ser rescatado, use sacos, cartones, diarios, tablas y cuanto pude imaginar, siempre recogía el semen de mis amiguitos. Pero el paso siguiente era que cesar me vaciara su semen a mi solo, algo muy difícil porque no quería que me llamaran puto o maricon. Llegaron las vacaciones todos se fueron a provincia menos cesar que se recurseaba con sus padres en el mercado y por supuesto que yo . Cuando nos juntamos le pregunte si nos pajeariamos juntos y el dijo muy entusiasmado “Por supuesto que lo haremos”. Al llegar al sitio de costumbre nos sentamos uno al lado del otro, me propuso que como estábamos solos era mejor que yo le hiciera la paja y el me la hiciera a mi, pero sin contarle a nadie lo que habíamos hecho. Era lunes, mi día de suerte, yo me hubiera conformado con que nos masturbáramos como siempre, pero esto de tocársela me lleno de una sensación de hormigueo en el estomago y me dolieron las piernas de gusto. Me tomo mi pollita con dos dedos y empezó a pajearme, primera vez que manos extrañas me tocaban con deseos sexuales, se me paro muy bien recuerdo, sensaciones raras y extrañas recorrían mi cuerpo De pronto decidió, soltando mi pene y dijo, “Ahora me toca a mi”. Tenia la verga parada y le salía esa agüita que yo conocía por el hoyote que tenia en la cabeza de su miembro cubierto con una capucha de color oscuro como su piel, era dura como si fuera de goma solida y mas caliente que mis manos, le eche el forro hacia atrás y apareció una cabeza oscura con el borde de su cabecita de color rosadito, con ambas manos lo empecé a pajear, mire cuando la cabeza se puso muy brillante con la piel estirada al máximo, el agujero de su cabeza se dilato al limite y note cuando venia el semen que me mancho la cara y la ropa. ¡Cuidado me dijo te voy a ensuciar!, el no sabia que yo esperaba eso, con mi pañuelo me limpie suavemente la cara, las manos y la ropa guardándolo secretamente para que no se diera cuenta. En mi casa guarde celosamente ese pañuelo, lo olorizaba mientras me la corría y me metía una vela por mi culito. Cuando se secaba lo humedecía con agua hasta que se fue todo el olor y sabor. El viernes siguiente nos encontramos y sin decirnos palabra nos fuimos a nuestro escondite, descubrimos una pequeña puerta que daba a unos depósitos de materiales de los jardineros y fácil entramos así nos daba mayor intimidad, ahora me propuso “juguemos a las cachaditas”, yo te monto y tu también. “Primero me monto yo” le propuse porque quería comerme todo el semen que quedara entre mis nalguitas y disfrutar totalmente de su montada. Me subí sobre el pensando en lo que me tocaría después, el compromiso era no meterlo, sino que refregarlo solamente en el canal que forman las nalgas. Mi actuación fue pobre, estaba haciendo tiempo para que no se notara que yo ya me gustaba y solo esperaba por su majestuosa verga, tenia el un culo grandote sin pelos pero era trigueño. Cuando Cesar dijo “Ahora me toca a mi”, le espié su verga parecía mas grande que nunca, la tomo de su base y la abanico varias veces cayendo gotas de liquido sobre mis nalguitas, se trepo sobre mi y empezó a moverse, de repente me rozaba mi culito con deseos de meterla y yo que me la metiera pero sin hacerlo, sentí que jadeaba señal que venia la eyaculación, me apretó mas fuerte, yo tenia apoyada mi cabeza en mis dos brazos y el respiraba en mi oído. Se quejo cuando salió el primer chorro de semen, sus quejidos se fueron apagando a medida que el orgasmo terminaba. Cuando se bajo baje mi mano derecha y haciendo una cucharita sin que me viera recogí por tres veces una cucharada, me eche varias veces el semen golosamente en mi boca, no fue orgasmo el que tuve pero si sentí que mi culito se abría y cerraba, mis pequeños pezones se pusieron tan sensibles que no soportaba el polo. Pasaron varios de estos “ejercicios” en las semanas que estuvimos solitos hasta que un día sorpresivamente cesar me dijo “lolito quieres que te abra”, así me decían de sobrenombre por cariño en el barrio, ¿Que es eso le pregunte”, el me dijo que cuando estuvo de vacaciones en provincia de pescadores donde solo había hombres solitarios se culiaban unos con otros “jugando a las cachaditas” y allí había aprendido a hacerlo, a él lo habían abierto en la caleta hombres mayores y desde ese tiempo le gustaba que se lo hicieran por el culo, pero nadie sabia entre los muchachos, “Abrirte significa meterte mi verga con mucho cuidado para que después podamos follar sin problemas”. Yo le veía su aparato tan grande que estaba muy lejos de las velas que me había metido, “No me va a caber” le dije, “No hay problema” me respondió “Mira lo que traje” y me mostro un pote de vaselina, “Tu quédate tranquilito y muy suelto y no te dolerá”. Mas pudieron las ganas de que me abriera y me lo metiera que el dolor que pudiera ocasionarme, acostado bocabajo sobre mis pantalones esperaba mirando con curiosidad y muchos deseos que me la mandara a guardar en mi pequeño orificio anal. La verga de cesar se veía grande y fuerte, sabia que estaba dura, la había tomado muchas veces, me echo vaselina con cuidado en el ano, me relaje y sentí su dedo grueso que se introdujo sin dolor, era solo gusto. Le mire la verga embadurnada con vaselina cuando estaba lista para la penetración, empezó con unos brochazos arriba y abajo, yo levante por instinto mi colita y entro suavemente su cabeza, ahora entendí lo que era “abrir” mi culito se fue abriendo y llenando con la polla de cesar, un pequeño dolor acompañaba la penetración, si me queje con algunos … ay … ay … fue mas de placer que de dolor, allí estaba cesar galopando sobre mi, no hay placer mayor en la vida que el sexo, desperté a el con poco mas diez años con un chico de dieciséis. Se acabaron las vacaciones llegaron los muchachos, pero no hubieron mas pajeos colectivos, Cesar y yo nos arrancábamos y solos nos íbamos al cuarto ese pero ahora a cachar a destajo ya estaba abierto, nos mamábamos mutuamente la verga cosas que el me enseño, finalmente pude tragarme su semen saliendo directamente de su verga hermosa.

BY Nicolas

Los Ricos Taxistas de Lima


Esto me ocurrió la semana pasada, en una de mis tantas incursiones a una discoteca ubicada en el centro de Lima, capital del Perú: El Sagitario.

Esta discoteca es frecuentada por todo tipo de gente. Comunmente se cree que porque está ubicada en las afueras del Centro Histórico, que de por sí es peligroso, la gente que concurre allí es de bajo nivel económico. Sin embargo, se puede encontrar de todo: desde mensajeros, algunos desempleados hasta profesionales y personas que cuentan con un buen trabajo; eso sí, todos jovenes que por lo general no sobre pasan los treinta años. La mayoría tiene aspecto varonil aunque tampoco faltan los afeminados.

Es así que yo iba un sábado más al Sagitario con mi amigo Martín de 22 años, piel canela y un envidiable trasero) cuando luego de tomar algunos tragos decidimos ir a la cacería de costumbre, es decir, buscar a otras personas con las que hacer "punto" (ligar) y si nos agradaban, irnos a un hotel cercano llamado "Paraíso".

El asunto es que pasadas las tres de la madrugada no había quien me agrade, aunque sí varios a quienes yo les gustaba. Y es que no estoy nada mal. Tengo 24 años, de piel trigueña clara, 1,70mts de estatura y de contextura delgada. Mi corte militar y mi ropa un tanto casual-formal me hacían ver bien y bastante más agraciado que el común de la gente que va a dicha disco.

Cerca de las cuatro de la madrugada, mi amigo Martín había conseguido hacer "punto" con un muchacho de 21 años, alto, moreno, de cabello corto y que se notaba trabajaba bien el cuerpo en el gimnasio. Demás está decir que en el acto los dos se fueron al mencionado hotel a desfogar la pasión y arrechura contenida aquella noche, mientras que yo no veía nada interesante para mí.

Finalmente al cabo de un rato opté por irme y tomar mi respectivo taxi, pero no abordé ninguno de los que se estacionan en la puerta del "Sagitario" ya que éstos taxistas son entendidos y se meten con algunos gays pasivos (haciendo lo que se conoce como "taxi wawis, que es el sexo oral al taxista"). Yo quería probar si es que un taxista que no trabaje con frecuencia por dicha zona y que no esté en la nota se dejaba convencer por mí de tener una aventura.

Luego de estar parado algunos minutos en la esquina paré un taxi. Era un vehículo pequeño y lo conducía un joven trigueño, de cabello corto y ojos pícaros, además de antebrazos y manos bastante grandes. Luego de regatear un rato el precio acepté subirme en el auto y partimos rumbo a mi casa.

El se llamaba Rafaél. En el camino empecé a hablar de las discotecas de ambiente de Lima a la vez que alternaba la charla con temas como el fútbol. Aproveché que estaba haciendo un ejemplo de como uno se desarrollaba con ese deporte para tocarle la pierna, a lo que él no opuso resistencia. De ahí empecé a jugar con el cierre de su pantalón y finalmente le propuse ir a un parque cercano.

Ya empezaba a amanecer cuando le bajé el cierre y saqué su portentoso miembro, el cual se veía erecto y listo para la acción. Inmediatamente yo también abrí mi pantalón y saqué a relucir mi pene erecto, el cual era un poco más grande que el suyo y más cabezón.

Hay muchos taxistas en Lima que sólo aceptan que les hagan el sexo oral y algunos que mantienen relaciones con hombres pero sólo en el papel de activos (top); sin embargo, no conozco a uno que acceda siquiera a acariciar un rato el miembro de otro hombre.

Si bien lo natural es que el taxista desista de todo juego cuando me abrí el pantalón y le mostré mi aparato; en este caso, Rafaél lo observó un buen rato y pese a que quiso ocultarlo, no pudo evitar mostrar excitación frente a aquella escena.

Finalmente se la agarré y se la chupé. Cuando hube mamado bastante rato de su buen pene, el taxista me propuso ir a un lado más tranquilo, en vista de la gente que con la llegada del día salía de

sus casas a comprar el pan y no podíamos estar en esas escenas en

plena vía pública (así estuviéramos dentro de un auto).

Nos dirigimos a un hotel de media estrella en el centro de Lima y una vez en la cama el taxista no quería despojarse de sus ropas interiores, ya que era medio pudoroso, pero debido a mi insistencia accedió y una vez desnudo me pidió le vuelva a hacer el sexo oral que tanto le había gustado.

Ya sin ropas se le podía apreciar mejor. Trigueño, recién llegado de la provincia. De talla era un poco más bajo que yo aunque su cuerpo era recio y bien formado. Luego de besos, abrazos y mamadas me contó que tenía una esposa en casa a la cual debía mantener y me aseguró que sólo un par de veces había estado con un amigo de la adolescencia, pero que no había ocurrido nuevamente.

Yo me coloqué en posición 69 para hacerle la mamada de su vida cuando sucedió una cosa que no imaginé que ocurriría: de a poquitos se fué engullendo mi miembro entero y los dos empezamos un chupa que chupa, bate que bate delicioso que no tenía cuando parar (hmmmmm, que rico).

Tras las chupadas de rigor vino el punteo. El me quería penetrar pero yo le pedí ser el primero, a sabiendas que él no iba a querer pues eso era llegar demasiado lejos. Sin embargo aceptó y ni bien mi lengua jugó un buen rato en su orificio, el empezó a gemir de placer, por lo que le metí un dedo y luego dos.

Como no hubo protesta sobre el particular, empecé a introducirle mi bien erecto y excitado miembro, el cual entró con cierta dificultad, ya que se notaba que el taxista no era ducho en estos menesteres, pero finalmente entró todo. Lo que más me excitaba era la cara de dolor que Rafaél ponía cuando le entraba, pero una vez adentro gozaba como nunca.

Hicimos todas las poses habidas y por haber: Boca abajo, patas al hombro, perrito, de costado, parados, él sentado, sentado y volteado, la batidora eléctrica, etc, etc, etc; creo que hasta más poses de las que él le habría hecho a cualquier mujer (hasta ya tenía para enseñar), hasta que me vine, tomándose todo el nectar que fluyó de mis 20 cm. Cuando el quiso penetrarme argumenté estar cansado y sólo me punteó, hasta que finalmente la dió.

Finalmente me dejó en mi casa y por más que le quise pagar por el taxi, no me cobró ni un sol. Le quise dar mi teléfono celular por si me quería llamar para repetirla, pero me dijo que sería difícil ya que cuando no trabajaba en el taxi estaba con su esposa y que además, el no tenía sexo con otros hombres, sino sólo con mujeres, por lo que

no sabía por qué había hecho eso conmigo, pero suponía que era porque yo le había agradado bastante.

Desde ahí, cada vez que salgo de la disco a altas horas de la noche, me cuido de tomar mi respectivo taxi, y a ver que sale...

Lima, Perú


BY PEDRO "EL MEJOR"

jueves, 21 de enero de 2010

¿Por qué decidí crear EXXXPERIENCIA NET?

Bueno, la principal razón por la cual decidí crear este blog fue darle a los cibernautas una nueva pagina similar a la de www.cinetauro.tk pero mejorada. Es decir brindar una ventana donde los chicos gays asi sean activos, pasivos, modernos, bisexuales, Heterosexuales etc, etc etc puedan contar sus exxxperiencias sexuales ya sea en los cinesporno, en sus casa, sus primera vez etc. Pero dar una pagina que se actualiza diariamente, que ofrezca interactividad con los visitantes que permita la publicación de todos los relatos enviados a mi correo jose_2007_xyou@hotmail.com y que publique todos los comentarios ya sean positivos o negativos, y esto porque me he dado cuenta que en la pagina antes mencionada, las historias son publicadas con demora, y tienen que pasar por una serie de trabas burocráticas que al final apagan el morbo que muchos tenemos por leer las exxxperiencias de los chicos como nosotros.

Porsiaca todas las historias seran aceptadas con el lenguaje comun y corriente que todos utilizamos ya sean con jergas o faltas ortograficas, porfavor abstenerce aquellas personas que hacen un mundo porque alguien no le puso la tilde a una palabra etc, etc.

BIENVENIDOS TODOS ^^